Historias de Lu

Yayoi punto Kusama

En una institución mental, recluida a voluntad vive la Sra. Kusama. Por su arte le demuestro mi respeto, pero es difícil tratarla con tanta sobriedad cuando hace un tiempo la visité hasta en lo más profundo de su centro. En lo más profundo de su nada.
Yayoi se acercó tanto para ver la vida que logró verle los puntos, como a través de un microscopio. Los puntos son las células que hacen el todo, pero que a la vez dejan el todo atrás, y hacen que el todo desaparezca. Entramos en la nada.
Hay que estar loco para pensar algo así?
Recuerdo cuando era pequeña y no me podía dormir. Mi hermana mayor me decía: «Piense en nada Lu». Tendría cinco años cuando al oír eso mi mente viajaba a todo tipo de lugares de donde trataba de hallar el significado real de «la nada». Cuando me decía esto, pensaba en una equis negra puesta sobre un fondo blanco. Con esta imagen, el sueño no llegaba. Entonces seguramente no estaba pensando en «nada», y buscaba alguna otra posible versión. Mi exploración más efectiva era pensar en el color negro y visualizar todo mi plano mental pintado de ese tono. Pero aún así el sueño no se hacía cargo de mí. Entonces inventé la técnica de irme acercando con la vista, a ojos cerrados, hacia el negro. Acercarme más. Acercarme más. Como una cámara haciendo zoom a brincos torpes, como si enfocara una imagen, siendo ésta la profunda y absoluta oscuridad de los ojos cerrados en medio de la noche dentro de un cuarto de niñas. Después de 3 o 4 acercamientos el sueño llegaba siempre y no era sino hasta el día siguiente que la cabecita llena de preguntas volvía a abrir las ventanitas al nuevo día.
Yayoi me hizo recordar esos momentos de mi infancia. Donde yo vi negro ella vio puntos. Luego los pintó y a mi su nada me pareció una fiesta mágica de colores. Una nada mucho más divertida que la mía. Una nada que le permitía desaparecer. Autoborrarse.
O en mi caso, dormir.
Sí, hay que estar un poco loco para pensar así. La libertad y la locura de ser niño. De que tu mente no tenga límites. De no conocer el reglamento. De ser artista.
Todo eso que perdemos al crecer, cuando a nosotros nos toca dar el consejo de «no pienses en nada», yo lo reviví hace meses metida en una cámara de espejos en la que Yayoi quería que yo entrara, en una sala de colores, donde tomé un té puntual con Yayoi, en un jardín infinito de luz que Yayoi plantó y estuvo regando para que yo lo pudiera cruzar ayer.
Hay que estar un poco loco para pensar así. Que los puntos te tengan con bien.

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