Historias de Lu

Visca Argentunya

Con el pelo y el maquillaje echados a perder, el vestido mojado y los zapatos en la mano, esta vez no era la manera en que terminaba la fiesta, era la forma en la que apenas comenzaba. En esta ocasión en lugar del cansancio y la culpabilidad del día siguiente lo que invadía mi alma era la emoción y la sed de venir a degustar una muestra de amor legítimo, un bocadillo muy costoso y escaso en esta vida actual.

La novia, exquisita y auténtica. El novio, explosión de emoción. Los invitados, mi familia en la complicidad de estar a punto de embarcarnos sin saber a donde o para qué, llenos de emoción y expectativa abordo de uno de ocho botes pesqueros, como una especie de tren acuático al Auschwitz de la Felicidad.

Unidos por los latidos rítmicos de un corazón colectivo, engrosado por sabernos en presencia del amor verdadero nos hicimos a la mar. La novia hermosa haciéndose parte del agua, remando en su tabla de surf hacia un novio valiente que ya iba hacia ella. Al dulce son del ocaso entre un círculo de balsas flotantes se calmaron las aguas para que tres sirenitas se unieran en la travesía del equilibrio y el manoteo enaltecidas con el sublime propósito de portar los anillos y de derretir lo que quedaba en estado sólido del corazón del público.

Era difícil diferenciar las gotas de la brisa salada del sudor por la humedad y el calor sobre mi cara, pero cuando empezaron las palabras de un hermano emocionado, quien contaba su versión de una promesa fraternal que alguna vez me platicó la novia, entonces el agua salada pasó a escurrir sutilmente del borde de mis ojos y esa sí la pude diferenciar.

Era imposible mirar aquellas escenas y que en mi mente no recorrieran tantas imágenes de momentos, palabras, abrazos, fiesta y baile que forjaron mi amistad con Julie en esta ciudad junglar tan lejana a nuestras casas, donde una amiga se convierte en tu familia y sus ilusiones se adhieren a las paredes de tu propia alma. Ver aquel momento realizarse me llenaba de júbilo.

Con la versión de la hermana del novio era imposible no recordar esas primeras semanas llenas de historias de una amiga sobre la novedad del vecino recién llegado tabla bajo el brazo, y su ingenua resistencia a admitir que muy en el fondo ya sabía que acababa de conocer al hombre que había llegado para cambiar su vida.

De repente con tanta emoción también era imposible diferenciar mi sensación de mareo por la resaca de haber bebido a sorbo grande y copa llena el elixir contagioso y embriagante del amor de los enamorados, la hermandad de los hermanos, la amistad de las amistades, al verdadero mareo estomacal de mi estómago por permanecer tanto tiempo a flote en el mar. Entonces admito que mi sentimiento fue de alivio cuando el sol y las olas nos avisaron que era momento de regresar a tierra firme, donde al atracar clavaríamos todos una bandera simbólica de haber explorado juntos un mundo nuevo, un momento grabado en la vida de cada uno de los que fuimos partícipes de este lazo de amor en alta mar, la boda de Barcelona y Buenos Aires, una vivencia que a todos los presentes nos unirá por siempre y que ya, cada quién regresando a nuestras casas no sabemos como olvidar.

En mis libros la boda de la década. Lo dije antes de zarpar en este viaje. Como una parodia de la vida, hoy regreso agotada pero llena de energía. Tomada de la red con todos pedí un deseo por los novios con tanta fuerza que ya le dio la vuelta al mundo, viene de regreso y me va a dar en la cabeza. También pedí un deseo por el universo y hoy con su ejemplo pido un deseo por mí, por mantener viva mi ilusión, porque me tocó volver a estar soltera a mis 43, por no perder la emoción ni la esperanza porque ustedes son la confirmación a la sospecha que me mantiene joven de que el amor verdadero aún existe y llama a la puerta cualquier mañana de primavera, cualquier noche de verano, al vuelo de las hojas del otoño, o debajo de la pila de nieve de la banqueta del invierno.

Gracias por echar a flotar de nuevo mi balsa! En mi brújula un gran corazón. Mi bandera, la foto del beso. Mi compañero, el viento.

-«Sopla fuerte, muy fuerte amigo!»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.