Aromaterapia de Vida - Blog, Historias de Lu

Mi beso de amor verdadero

Hace cerca de 23 años, cuando vivía en Londres, quedé de verme con mi entonces pareja, un flemático inglés, para comer en el centro de la ciudad.  Entendiendo la importancia de la puntualidad, llegué un poco temprano por lo que me puse a caminar por las callecitas mirando escaparates de tiendas.

 

Una en particular captó mi atención, por el aroma que se sentía al pasar por la puerta.  Como estaba bien de tiempo decidí entrar.  Miraba cosas lindas en los anaqueles.  Artículos de cuidado personal que alardeaban con ser totalmente naturales, de fuentes orgánicas y comercializadas con respeto a las pequeñas comunidades productoras alrededor del mundo.

Me encontraba, por primera vez, en la tienda que fundó Anita Roddick desde 1976:  The Body Shop.

 

Disfrutando de aquella fiesta visual y aromática que representaba para mí el hallazgo de aquella tienda, me acerqué a un anaquel en el que los productos eran muy pequeños, muy iguales y envasados en mini botellitas del mismo color.

 

Mi cabeza voló cuando leí:

 

Romero.

Mente: concentración y energía

Cuerpo: efecto caliente, estimulante, tonificante

Piel: grasa

 

Geranio.

Mente: liberar, armonía, equilibrio

Cuerpo: refresca y revive

Piel: todo tipo

 

¿Que qué?  ¿Es real?

 

Abrí y olfateé la muestra de cada una de las pequeñas botellitas.  Leía y releía:

 

Lavanda.

Mente: balancea las emociones

Cuerpo: sueño reparador y relajación

Piel: todo tipo

 

Mi mente no terminaba de procesar que estos aromas concentrados, extraídos naturalmente de las plantas, tuvieran la capacidad de hacer todo lo que decía en los cartelitos.  Mi cabeza daba vueltas y repasaba lo que acababa de descubrir.  Igual que la fe, sentí la inmensa necesidad de creer y ahí mismo, me apasioné.

Mis finanzas de estudiante, en aquel momento, no me permitían más que mirarlos, olerlos y desearlos.  Tomé de la tienda cuanto folleto encontré con la palabra Aromaterapia y salí corriendo de ahí como si hubiera visto un fantasma, pero con el corazón y los pulmones llenitos de amor.  El tiempo se había detenido desde el momento en que ví por primera vez aquellos aceites esenciales, pero no así el reloj, y ahora iba tarde a comer con el inglés.

En la era en la que el internet aun no existía, o era muy limitado, y como buen ratón de biblioteca, empecé a visitar librerías para buscar publicaciones sobre aromaterapia.  En aquel entonces, estas también eran limitadas.  Me quedaba leyendo durante horas, dentro de las librerías, libros como La Fragrante Farmacia de Valerie Ann Worwood.  Miraba y re miraba las imágenes e infografías de los libros ilustrados de la editorial Dorling & Kindersley. Me empecé a interesar por todo lo que tuviera que ver con la medicina alternativa, pero con la aromaterapia simplemente puedo decir que fue pasión a primera vista.  Durante algunos años trabajé en una prestigiosa librería, y aprovechando mis beneficios de empleada, poco a poco me fui haciendo de una vasta colección de libros sobre aromaterapia.

Eventualmente me casé con el inglés, pero en aquel entonces yo era un estuche de males, todos psicosomáticos.  Sufría una desafortunada combinación de padecimientos relacionados con la tensión y el estrés, que empezaban por el insomnio, pasaban por las migrañas y llegaban hasta el vaginismo.  Además era tan alérgica al chocolate, al polen, al moho, al polvo, a los perfumes y a otros muchos agentes alergénicos, que mi vida era obligatoriamente muy limitada.  También, desde muy joven, despertaba por las noches bañada en sudor, como una especie de trastorno de ansiedad nocturna.   Cuando sucedía sufría mucho pensando que era lo que me pasaba, pero cuando visitaba al médico y me hacía los análisis, me confirmaban que lo único que tenía era estrés.

Conforme mi situación financiera mejoraba, muy de a poco, me fui haciendo de algunos aceites esenciales, en la presentación más pequeña que hubiera disponible.

Empecé a experimentar con ellos, usándolos en mí misma.  Uno de los primeros que probé, como la mayoría de las personas lo hacen, fue la lavanda, que rápidamente se convirtió en un buen amigo.   Su capacidad de ayudarme a controlar el estrés fue increíble.  Notaba que las noches en las que usaba el aceite esencial antes de acostarme, me quedaba dormida mucho más pronto, aunque me estuviera sintiendo ansiosa o abrumada por mis problemas.

Otro de los primeros aceites esenciales que probé fue el de menta.  Recuerdo que durante un viaje a La Habana me encontraba cenando en un elegante restaurante cuando de repente, sin aviso me empecé a sentir mal.  Muy mal.  Tan mal que tuve que retirarme de la mesa corriendo para ir a voltear el estómago.  Recordé haber leído que unas pocas gotas de aceite esencial de menta en las plantas de los pies podía ayudar con el malestar.  Sonaba increíble y era, hasta cierto punto. escéptica todavía, al no haber experimentado lo suficiente con mis aceites esenciales, pero aprovechando que viajaba con mi pequeño botiquín, hice la prueba. El alivio fue tan inmediato que dejé sorprendidos a todos los que viajaban conmigo que habían pensado que les estropearía el viaje enfermándome.  ¿Cómo podría algo tan simple (y raro) trabajar tan bien?  Después de esta experiencia quedé aún más enganchada y le puse toda mi fe a lo que iba aprendiendo sobre los aceites esenciales.

Pronto, estaba experimentando más y más con la aromaterapia y profundizando en libros sobre el tema.  Con el tiempo y la práctica, dejaron de llegar mis ataques de pánico nocturnos y con mucha determinación, un poco de terapia y mis aceites esenciales, logré vencer el vaginismo, de una manera muy liberadora.

Intentaba crear algunas de mis propias mezclas, cometiendo todo tipo de errores.  Podría escribir un libro con todo lo que aprendí empíricamente sobre cómo NO utilizar la aromaterapia.  Afortunadamente, los aceites esenciales fueron misericordiosos conmigo (y con mi familia) y nadie perdió la vida a pesar de mis alocados intentos de curar con aromaterapia, sin conocer mucho sobre su base científica.

Laboralmente hablando, la vida me llevó por otros caminos que yo ya tenía trazados, dejando la aromaterapia como un hobbie.  A pesar de esto, me mantuve estudiando y obtuve algunas certificaciones básicas.  No hice el esfuerzo por continuar estudiando aromaterapia formalmente como segunda carrera ya que las obligaciones financieras me exigían dedicarme a mi carrera como Administradora de Empresas, en vez de soñar con ejercer la aromaterapia y experimentar dándome a conocer en un campo totalmente nuevo.

Todo esto sucedía en décadas mucho antes de que esta disciplina disfrutara del aumento en popularidad del que goza en estos tiempos.  Había pocas compañías que ofrecían aceites esenciales de calidad en aquel momento.  La disponibilidad era limitada y los precios muy altos.

Hoy en día existen muchas más variedades de aceites esenciales y mezclas para elegir además de ser mucho más fáciles de conseguir.  Es genial vivir la aromaterapia en estos tiempos, ahora que hay tantas opciones al alcance, a pesar del lamentable marketing exagerado y poco escrupuloso que, en algunos casos, suele confundir a las personas que apenas empiezan.

Eventualmente, 10 años después, me separé del inglés y en el mismo acto, vine a vivir a México, trasladada por mi empresa.  Los últimos dos años de mi relación me sentía tan deprimida y abrumada que me alejé de muchas cosas y personas.  Entre ellos la aromaterapia.

En ese tiempo idealizaba que cuando eliminara de mi vida aquello que me tenia insatisfecha, incómoda e infeliz, automáticamente llegaría la felicidad, como una especie de premio por ser decisiva y valiente.  Pero la experiencia me demostró otra cosa. Y a partir del momento en el que me separé y vine a México completamente sola, tuve que empezar un arduo camino de búsqueda y transformaciones.  Cargando con mi depresión, pero llena de fe y con mi vida reducida a unos pocos kilos de sobrepeso, los aceites esenciales y libros de aromaterapia quedaron atrás.

Aquel septiembre de 2005 hice un compromiso real conmigo misma para aprender a valerme sola y encontrar mi felicidad a toda costa.  Empecé a experimentar con distintas cosas, terapias, personas y experiencias nuevas y muy diferentes.  En mi búsqueda constante, lo intenté todo, de una manera torpe y desenfrenada, sin detenerme por un instante a pensar en la aromaterapia.  Me viví y me bailé la vida.  Tuve miles de vivencias, varias parejas, algunas relaciones significativas, forjé amistades y luego me alejé de todo ello.  Mi vida era una constante limpieza de primavera.  En mi búsqueda por cielo, mar y tierra reconozco que metí mucho la pata.  Y aunque seguía sin recordar la aromaterapia, aprendía lecciones verdaderas que nutrieron mi espíritu y me hicieron más fuerte.   Eso lo puedo ver y valorar ahora, pero en todo aquel tiempo la única constante eran las decepciones.

En un momento de desesperación, intentando recalcular mi ruta y reinventarme una vez más, me pregunté a mí misma:

Por amor a Dios, Lu, ¿qué es eso que te apasiona en la vida?

Como el beso de amor verdadero, la respuesta llegó en automático y bien a la primera, despertándome de un sueño profundo que se sentía de 100 años.  Fue así como la aromaterapia regresó a mi vida y me regresó la vida.  Empecé a viajar cargada de libros que traía de mi olvidado librero en Costa Rica y rescaté lo que pude de mis viejos aceites esenciales.  Poco a poco fui trayéndolo todo y armando una nueva, mejorada y actualizada colección.  Con todo mi fuego y furia decidí retomar mi trabajo personal, pero ahora de la mano de mis aceites esenciales, la única cosa en mi vida que realmente me hacía vibrar.

Ahora con más holgura de tiempo, posibilidades económicas y sintiéndome estupendamente, me dediqué a certificarme profesionalmente como aromaterapeuta clínica.  Con mucho sacrificio y esfuerzo me gradué con honores.  Sin dejar de estudiar y aprender, poco tiempo después me certifiqué internacionalmente por las dos Asociaciones de Aromaterapeutas más importantes del mundo NAHA y AIA.  Al mismo tiempo inicié mi práctica profesional como aromaterapeuta clínica ayudando a muchas mujeres a buscar su camino y retomar su rumbo, aclarando su mente, ayudándoles a tomar decisiones y dar importantes pasos, programando sus metas aromáticamente.   Hace dos años di el gran paso de promocionarme y darme a conocer con mi blog y mis redes sociales con SoyAromas.

Al día de hoy lucho por ver crecer mi sueño.  Lo alimento con aceites esenciales que son la leña de mi hogar.  Día con día, me lleno de valor y lucho por esta llama que llevo encendida por dentro, esta pasión por los aceites esenciales, para que siga creciendo y permitiéndome llegar a más y más personas, a más y más lugares, a más y más mujeres que se sientan tan perdidas como me sentía yo.

Te comparto los aceites esenciales a los que acudo con frecuencia, mi equipo de trabajo con el que alimento mi guerrera interior.

Retroceder, nunca.  Rendirse, jamás.

¡Aceites, a trabajar!

Rosa, tu te encargarás de proporcionar auto compasión.

Bergamota, serás responsable de lidiar con la auto estima.

Sándalo, captura y trae acá toda la fé.

Jazmín, permite creer de nuevo.

Siempreviva, dale a cada miembro del equipo un trago de tu perseverancia.

Albahaca, procura a todos con tus poderes para erradicar el cansancio y la fatiga, física y mental.

Limón, tu estarás a cargo de tomar las decisiones con seguridad y claridad.

Naranja, empieza a construir alrededor una pared invisible de protección ante los tropiezos.

Manos a la obra todos, ¡tenemos mucho por conquistar!

Equipo, ¡VAMOS, VAMOS, VAMOS!  Manos a la obra todos, ¡tenemos mucho por conquistar!

 

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Autora: Lugina Quirós

Aromaterapeuta clínica apasionada, certificada internacionalmente por AIA y NAHA. Coach estratégico de vida y Practitioner de remedios florales de Bach certificada en Inglaterra, donde inició sus primeros estudios en el ramo holístico desde hace 19 años.  Es emprendedora de negocios digitales e inició SoyAromas en 2016, para convertir la aromaterapia en una experiencia terapéutica emocional, basada en el conocimiento científico de los aceites esenciales. Lugina ama compartir sus conocimientos, viajar, pasar tiempo con la naturaleza, generar negocios en línea, cuidarse física, mental y espiritualmente y procurar el bienestar en todas sus vertientes.  Su misión es trabajar con mujeres, brindándoles herramientas de bienestar e inculcándoles la aromaterapia como un estilo de vida, que les ayudará a tener mayor calidad en su presente, aromaterapia de vida, para verse y sentirse mejor.

Sigue leyendo. Ahora te invito a chusmear un poco acerca de mí.

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